viernes, 6 de abril de 2007

Hacia la Minucia y su Rol en la Invariante


A MODO DE PRÓLOGO O INTRODUCCIÓN
Recorríamos los cerros y los caminos, las calles largas, las huellas de los cabreros, ebrios a veces de ganas de chinear con los chinos del Aconcagua, queriendo pasar unas navidades cantándole al Niño que es peregrino y a la vez urbanizador de lo disperso, para encontrarnos a boca de jarro con "unas cosas" que emanaban algo, como los papelitos de colores de un cementerio el primero de noviembre o los zapatitos gastados de una estatua andante. Minucias, decía el baqueano. Que alguna cosa nos dicen del territorio. Que son capaces de constituir(nos) un sentido. Que a veces son capaces de quedar guardadas en los cajones por muchos años. Hasta que brotan.

ENTRANDO EN MINUCIA
La minucia como elemento metodológico del estudio de Suelo Americano, como cosa que identificar, como pieza de un puzzle, se me apareció tangible (lo que es sólo un modo de decir) cuando Falconery Oliveros andaba en busca de unas minucias florales en el Bajo Aconcagua. Entonces las minucias aparecían como unos elementos que bien podrían pasar como detalles, datos anecdóticos, anotaciones al margen, pero que sin embargo, por los misteriosos cauces del Pequeño Viaje eran capaces de constituir un sentido para el territorio.

Más tarde la reflexión más compleja vino por una analogía con la disciplina que estudia la identificación humana a partir de unas características cuantificables que poseen ciertas partes del cuerpo humano. La disciplina a la que me refiero se llama biometría y la manera de identificar más utilizada es la huella digital, que posee unas características únicas entre una persona y otra e incluso entre los dedos de una misma persona. Los elementos que le dan esa característica única son bifurcaciones y terminaciones que tienen los surcos que componen una huella. Estas bifurcaciones y terminaciones se llaman "puntos de minucia", y lo que intenta establecer la biometría son las relaciones (los ángulos tangentes respecto de un sistema de coordenadas y sus distancias) entre unas minucias y otras. De este modo se determina la identidad de una persona.

Entonces surge la idea que, existiendo minucias en el territorio, éstas correspondan a unos elementos culturales tangibles (una bolsa plástica de montecitos, plantas medicinales del monte, amarradas con un elástico, por ejemplo) o intangibles (las palabras dichas al viento por un kollahuaya mientras recoge un planta), reconocidos a partir de una práctica cultural (la de recolectar hierbas en determinados lugares del monte y en determinados montes), constituyendo por lo tanto parte de un Suelo. Estas minucias establecen entre sí unas relaciones tangibles y/o intangibles, y permiten entender de qué manera un lugar se hace idéntico a sí mismo, o dicho de otro modo, adquiere identidad.

LA INVARIANTE

La invariante, propuesta para nosotros (nuestra generación) por primera vez durante el Taller Huentelauquen del año 2001-2002, suscitó inmediatamente una perplejidad absoluta y una necesidad (personal al menos) de situarlo dentro de un marco referencial.

Siendo un concepto que amerita mucha más extensión y desarrollo, me limitaré en esta oportunidad a definirlo como lo definí durante una de las sesiones del mencionado taller, en este intento por situarlo dentro del marco metodológico que, como sostenía en ese momento, debía ser el Suelo Americano. Tras una revisión bibliográfica de las metodologías de investigación cualitativas, principalmente las desarrolladas por autores latinoamericanos, entendí la invariante “como la descripción de una estructura de relaciones entre elementos contextuales presentes en el territorio que, como su nombre lo dice, permanece sin cambios a través del tiempo”.

Esto necesita una precisión. En el estudio de Suelo Americano, uno se encuentra con unos suelos culturales que expresan un modo particular de entender el mundo, concepción dentro de la cual se inserta también un modo particular de concebir y producir los espacios. Aparecen así elementos contextuales a distinta escala que se relacionan entre sí, todos los cuales son parte de una suerte de lenguaje por el cual el territorio (entendido desde lo humano o, si se quiere, desde la cultura) habla de sí mismo. Dado que un mismo territorio contiene a través del tiempo, a distintos horizontes culturales, los elementos en relación pueden mutar o incluso desaparecer y ser reemplazados por otros; pero andando el Suelo Americano hemos constatado que, de alguna manera en distintos estadios temporales (procesos históricos), es posible identificar unos elementos comunes a las distintas relaciones. Hilando más fino puede afirmarse entonces que es la estructura de estas relaciones la que ha permanecido invariable, a pesar de haber cambiado en muchos casos, el horizonte cultural que habita el territorio.

Algunas ramificaciones que quedan esbozadas.

 Así como acotó Mauricio Barría en el último coloquio de Suelo Americano, parece que la invariante está íntimamente ligada a la idea de sentido de un territorio, y tal vez (pienso yo) a través de ésta al Destino del mismo.

 Junto con Marianela Campos señalábamos cómo una invariante tomaba forma en una gráfica determinada (el trinacrio de la cultura Aconcagua) y permanecía como concepción de mundo y por tanto espacial aún cuando los horizontes culturales evidentemente ya no sean los mismos. Siguiendo esta hipótesis, faltaría por definir de qué tipo son los elementos contextuales que desaparecen para dar paso a otros y de qué manera opera esta dialéctica del reemplazo.

 En el texto El Tambo-Huaca del Cerro Mauco, afirmo que cuando uno nombra al Mauco, está al mismo tiempo señalando el sistema de relaciones del que el Mauco forma parte, atendiendo al significado del topónimo de “agua suspendida”. Habría que adentrase entonces en entender hasta qué punto el topónimo se emparenta con la invariante, como en este caso o en el caso de Huentelauquen.

 En la reflexión que hago en torno a la minucia en el presente texto, señalo que las minucias y sus relaciones son capaces de hablarnos de un sentido del territorio. Por lo tanto un ámbito de trabajo sería el de definir en qué plano se sitúan las minucias y sus relaciones respecto de las estructuras de relaciones invariables, y por extensión, como se relaciona la Identidad de un lugar leída a través de las relaciones que tienen un número de minucias, con la Invariante, entendida esta última como la estructura de las relaciones presentes en el territorio.



Provisoriamente surge una primera pregunta: ¿son las minucias entonces elementos contextuales?

Cristián Soto Carvajal
Viajero del Suelo Americano

1 comentarios:

Blogger julio ha dicho...

estimado: su relato recontituye la sensibilidad del cuerpo, es complejo, porque esta lleno de empirismo, esa huella no se perdido,hace poco atravezamos el valle de la mostaza hasta llegar al valle de alicahue y cuan pertinentes son sus relatos y sus preguntas, la expedicion se llamaba "hacia el antiguo camino real inka" un abrazo cristian por estar enamorando el alma saludos a malla luna y a todos julio cayuqueo

12 de febrero de 2008, 6:51  

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